Cantidad de páginas: 144
Todo ser humano es el resultado de un padre y de una madre. Se puede no reconocerlos, no quererlos, se puede dudar de ellos. Pero están allí, con su cara, sus actitudes, sus modales y sus manías, sus ilusiones, sus esperanzas, la forma de sus manos y de los dedos del pie, el color de sus ojos y de su pelo, su manera de hablar, sus pensamientos, probablemente la edad de su muerte, todo esto ha pasado a nosotros.
Durante mucho tiempo imaginé que mi madre era negra. Me había inventado una historia, un pasado, para huir de la realidad, a mi regreso desde África a Francia, donde no conocía a nadie, donde me había convertido en un extranjero. Más tarde descubrí, cuando mi padre, al jubilarse, volvió a vivir con nosotros en Francia, que el africano era él. Fue difícil admitirlo. Debí retroceder, recomenzar, tratar de comprender. En recuerdo de todo eso he escrito El africano.
J.M.G Le Clézio
Jean-Marie Gustave Le Clézio. Niza, 1940. Proviene de una familia bretona emigrada a Isla Mauricio en el siglo XVIII. Se doctoró en Letras por la Universidad de Niza y dio clases en los Estados Unidos. Su padre ejerció como cirujano en África a las órdenes de la armada británica. Le Clézio comenzó a escribir a los siete u ocho años y nunca dejó de hacerlo, a pesar de los numerosos viajes que realizó. A los 23 años recibió el prestigioso Premio Renaudot. En su obra se pueden distinguir dos períodos: de 1963 a 1975 sus novelas y ensayos abordan los temas de la locura, el lenguaje y la escritura, con la voluntad de explorar ciertas posibilidades formales y tipográficas, en la línea de otros escritores contemporáneos como Perec o Butor. Entonces adquiere una imagen de escritor innovador y rebelde y cuenta con la admiración de Michel Foucault y Gilles Deleuze, entre otros. A fines de los años setenta comienza a publicar libros de escritura más serena, donde evoca los años de la infancia y los viajes.
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Cantidad de páginas: 144
Todo ser humano es el resultado de un padre y de una madre. Se puede no reconocerlos, no quererlos, se puede dudar de ellos. Pero están allí, con su cara, sus actitudes, sus modales y sus manías, sus ilusiones, sus esperanzas, la forma de sus manos y de los dedos del pie, el color de sus ojos y de su pelo, su manera de hablar, sus pensamientos, probablemente la edad de su muerte, todo esto ha pasado a nosotros.
Durante mucho tiempo imaginé que mi madre era negra. Me había inventado una historia, un pasado, para huir de la realidad, a mi regreso desde África a Francia, donde no conocía a nadie, donde me había convertido en un extranjero. Más tarde descubrí, cuando mi padre, al jubilarse, volvió a vivir con nosotros en Francia, que el africano era él. Fue difícil admitirlo. Debí retroceder, recomenzar, tratar de comprender. En recuerdo de todo eso he escrito El africano.
J.M.G Le Clézio
Jean-Marie Gustave Le Clézio. Niza, 1940. Proviene de una familia bretona emigrada a Isla Mauricio en el siglo XVIII. Se doctoró en Letras por la Universidad de Niza y dio clases en los Estados Unidos. Su padre ejerció como cirujano en África a las órdenes de la armada británica. Le Clézio comenzó a escribir a los siete u ocho años y nunca dejó de hacerlo, a pesar de los numerosos viajes que realizó. A los 23 años recibió el prestigioso Premio Renaudot. En su obra se pueden distinguir dos períodos: de 1963 a 1975 sus novelas y ensayos abordan los temas de la locura, el lenguaje y la escritura, con la voluntad de explorar ciertas posibilidades formales y tipográficas, en la línea de otros escritores contemporáneos como Perec o Butor. Entonces adquiere una imagen de escritor innovador y rebelde y cuenta con la admiración de Michel Foucault y Gilles Deleuze, entre otros. A fines de los años setenta comienza a publicar libros de escritura más serena, donde evoca los años de la infancia y los viajes.